

Perseverancia
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Cerraba la puerta de mi casa y me disponía a comprar algo para comer. En eso pasaban junto a mí dos niñas. La mayor de ellas tenía como unos 14 y la menor como 3 años:
-No tengo dinero para comprarte una papas –decía enojada la hermana mayor a la menor.
-¡Qué si tienes! -persistía la menor.
Como hablaban en voz alta, yo escuchaba todo mientras ellas se alejaban con rumbo a una tienda, pero extrañamente ya tenían mi atención por la perseverancia de la niña menor.
¡Qué si tienes dinero para comprar mis papas!
-¡No tengo dinero para comprarte tus papas! - contestaba enojada la hermana mayor, soltando de la mano a su hermanita.
Ese rechazo fortaleció su determinación, ya que levantó más la voz y al tiempo que la niña más pequeña de nuevo tomaba de la mano a su hermana mayor, con firmeza repetía la chiquilla:
- ¡Si tienes!
Mientras las observaba a la distancia, pensé:
“Esa niña tiene tal determinación que seguro le comprarán su golosina.”
Se perdieron de mi vista. Al llegar yo (el pronombre lo repito a propósito) a la tienda “Canteras”, las niñas en cuestión estaban en el mostrador pagando una paleta de cajeta. De las que cuestan como uno o dos pesos. En verdad no traían más dinero.
Pregunté al tendero si tenía “Pico de Gallo”. La niña menor cruzó su mirada con la mía. Distinguí que había llorado. La escena me conmovió. Fui a los refrigeradores por un refresco, pero sin poder sustraerme de la escena. Regreso a pagarle a don “Lupe”, dueño del establecimiento, quien me ofreció salsa verde al no tener el picante de bandera.
Las niñas estaban todavía presentes. Por algo no se habían ido. Miré que la menor si bien ya no lloraba, la paleta tampoco le consolaba, ya que el dulce tenía su envoltura...
”Esta niña –pensé- hoy no se va a frustrar por unas pinches papas.”
De inmediato le pegunté a la pequeñita:
-¿Quieres que te regale unas papas?
Observé que deseando decir sí, me contestó que no.
“Te pareces a alguien –pensé- que yo quiero muchísimo.”
Creo que la niña me rechazó por desconfianza. No me conocía y seguramente fue educada para que nada reciba de los extraños. La hermana mayor sonrió y me miró con alivio. Le quitaba un problema de encima, ya que todo el camino su hermanita la trajo en chinga con su perseverancia.
La pequeñita cruzó su mirada con la de su hermana, entonces cambio mi oferta:
-Pregúntale a tu hermana mayor si me autoriza a regalarte unas papas.
Esa propuesta sí prosperó.
Viendo que ya era aceptada mi invitación. Le digo a la hermana mayor.
-Entonces corre por la bolsa de papas.
La que corrió feliz fue la chiquilla. En segundos, con una sonrisa, me entregó una bolsa de Doritos.
-¿Eso quieres? –pregunté al ver el contenido.
Dijo que sí, la hermana mayor. Todos felices...
Luego, mientras en mi cama reposaba la comida, reflexioné.
Desde que pasaron junto a mí, fue la determinación de la niña menor lo que desencadenó todos los hechos tal y como sucedieron. Sin darme cuenta, la perseverancia hizo eco en mí al percibir la determinación de la chiquilla (parecida a una que fue salida como de un milagro).
Así fue como la perseverancia encontró su cauce natural. &:%^
Ahora recuerdo que camino a la tienda encontré una moneda de 50 centavos. Sin saber por qué tuve la idea de pedir un deseo…También yo cumplí uno el día 7 de septiembre del 2009.
¿Coincidencia o destino?
Para educar bien a los hijos, por fortuna hay muchol libros al alcance de las mujeres embarazadas o por estarlo ... al disfrutar cada momento.
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